Las elecciones del 23 de julio en España han dejado un importante mensaje a Vox, partido de ultraderecha, que en los últimos años había ganado espacio dentro la política española.
El electorado español supo, a tiempo, poner un alto al avance de los ultraderechistas de Vox, comandados por Santiago Abascal, propinándole un duro golpe que supone una importante pérdida de escaños en el Congreso.
Tras los resultados electorales, Vox ha pasado a tener 33 diputados de los 52 que tenía antes de la contienda. Esa realidad deja al partido ultraderechista sin la posibilidad de presentar mociones de censura en solitario y tampoco de recurrir ante el Tribunal Constitucional, sus dos principales recursos opositores durante la última legislatura.
Tras la derrota, Abascal no hizo ningún tipo de autocrítica, ni a él ni a su programa de extrema derecha que enarbola varias medidas inconstitucionales.
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Recordemos que España es una democracia relativamente joven en comparación con otros países de Europa. En 1975, con la muerte del general Francisco Franco, el país puso fin a casi medio siglo de dictadura.
En la actualidad, Vox es una formación integrada por nostálgicos de ese oscuro período de la historia de España. Lanza promesas que son una vuelta al pasado, como la recentralización del Estado, la ilegalización de los partidos independentistas o «la supresión de los gobiernos autonómicos que atenten contra la unidad de España».
Además, promete derogar la ley del aborto, rechaza el concepto de violencia de género y es abiertamente antieuropeo, antiinmigración y contrario al bilingüismo en las regiones donde se habla catalán, vasco y gallego.
Estos aspectos no son compartidos por gran parte de los españoles. Es así que el escritor español Jordi Amat, a pocos días de las elecciones presidenciales, escribió un artículo en el diario El País e indicó que “El 23 de julio es, sin duda, una oportunidad histórica. Si votas a Vox, votas a Franco en 2023. Ni en las primeras elecciones democráticas se presentó una candidatura cuyo programa entroncase tan nítidamente con la ideología y la política franquista”.
Por otra parte, los recientes resultados electorales colocaron nuevamente a los españoles en un nuevo periodo de máxima alerta de inestabilidad política, con la mirada puesta en retornar a las urnas. Analistas españoles barajan para los próximos días dos opciones que ya no dependen de los ciudadanos: el casi imposible gobierno del conservador Partido Popular (PP), ganador de los comicios, pero lejos de una mayoría absoluta que ni siquiera podría alcanzar con la ayuda de Vox y alguna fuerza regionalista muy minoritaria; o el más probable, un gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), perdedor en las urnas, con una amalgama de partidos que incluye necesariamente a las formaciones que abogan por la disgregación del Estado.
Según la Constitución española de 1978, no necesariamente gobierna el partido que obtenga más votos, sino el que logre obtener una mayoría parlamentaria. Y en las elecciones del 23 de julio el PP ni el gobernante PSOE lo lograron.
Si el presidente en funciones del gobierno de España, Pedro Sánchez, no logra una aprobación de los partidos independistas, entonces es muy probable que el resultado y la fragmentación parlamentaria lleven a una repetición electoral que arroje resultados más clarificadores para alguno de los dos bloques. Pese a no tener por el momento aliados suficientes para conformar una mayoría, Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, intentará su investidura si se lo pide el rey Felipe VI, encargado de proponer un candidato a la Presidencia del gobierno español.
Durante los meses precedentes a los comicios, los sondeos auguraban que el Partido Popular y Vox lograrían tener los 176 escaños necesarios en el Congreso de los Diputados para llegar al poder. A medida que avanzaba la campaña electoral, la formación de Núñez Feijóo se dio cuenta de que cargar con un socio de gobierno así podría acarrearle consecuencias, por lo que decidió enfocar su campaña hacia el centro para captar más votos y poder gobernar en solitario apelando a los votantes de Vox a sumarse al PP por el llamado “voto útil”, para evitar que Pedro Sánchez mantenga el poder.
Ahora, la primera fecha importante será el 17 de agosto, cuando tengan que constituirse las nuevas Cortes, Congreso y Senado.
Con estos escenarios se abre una etapa caótica de negociaciones cruzadas previsiblemente abocada al bloqueo y al fracaso, que solo tendría como vía de escape una nueva cita electoral prevista para diciembre próximo.
(*) Alfredo Jiménez Pereyra es periodista y analista internacional







