La “utopía” es el empleo de lo imaginario o ficticio, un mundo de sociedad ideal, concepto que fue mayormente divulgado por Thomas Moro hace más de 500 años atrás, como una forma de crítica a las desigualdades, la estructura social y económica de la época. En el otro extremo se encuentra la “distopía”, una idea completamente contraria a la utopía, un escenario donde todo es horrible, y lo que se observa es un espejo de que todo lo malo posible puede ir a peor, un mundo no deseable. Es a este último término al cual me referiré en esta ocasión, una Bolivia sin subvención.
Como ya es de conocimiento general, Bolivia cuenta con un esquema de subvención a los hidrocarburos, una medida que ha beneficiado a toda la población por más de dos décadas. Hablar de este tema es sin duda delicado, requiere de la mayor seriedad posible; aunque algunos analistas económicos no lo consideren así.
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Entonces, ¿qué pasaría si se levanta la subvención?, esa es la gran cuestión para muchas personas que dependen de este bien o insumo para trabajar, y despreocupación para algunos que manifiestan ¡eliminar la subvención ya! Pero ¿será así de sencillo levantar una medida tan importante, sin siquiera cuestionarse las consecuencias? La respuesta corta es ¡no!, y lo demostraremos con algunos argumentos. Para ello, realizaré un ejercicio hipotético sencillo a través de la Encuesta de Hogares, y vamos a suponer que el precio de los combustibles y el transporte se ajustan a un precio de mercado.
Para crear nuestra Bolivia sin subvención, realizaremos un ajuste a la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC), para luego aplicar la tasa de variación a una canasta básica total (línea de pobreza), solo de gasolina y transporte, manteniendo todo lo demás constante. En el primer escenario, vamos a retomar lo sucedido en diciembre de 2010, cuando el gobierno de turno quiso eliminar esta subvención. El precio de la gasolina pasó de BS 3,74 a 4,1 el litro ($us 0,5), un incremento de 8,6%. Bajo este escenario, la inflación habría cerrado 2022 con 3,6%, y la pobreza habría aumentado en más de 216.000 personas (1,8 puntos porcentuales más que en 2021).
En el segundo caso vamos a considerar un escenario de incremento de precios de la gasolina de países de Sudamérica, tomando los datos del Global Petrol Prices. En la mayoría de los países de la región, el precio de la gasolina se incrementó considerablemente hasta alcanzar un promedio de $us 1,1 el litro. Con este ajuste, la inflación de Bolivia habría superado el 11% anual, lo cual es comparable con el nivel de precios de otros países de la región, donde la mayoría superó el 8% (con excepción de Bolivia, Brasil y Ecuador). Este escenario ya es inimaginable para muchos, el ingreso real se deterioraría a causa de la inflación, aumentaría el costo de vida y el desempleo, habría inseguridad alimentaria derivada del aumento de nuevos pobres en 450.000 personas, y más. Esta Bolivia estaría con una convulsión social.
En última instancia, vamos a tomar en cuenta la gasolina más cara del mundo, que es la de Hong Kong con sus $us 3 el litro (más de 5,6 veces el precio de Bolivia). Ya para este punto, la inflación se desvirtúa completamente, y solo haré referencia a que el dato encontrado se acerca a las cifras de 1986, sin mencionar los problemas económicos y sociales a los que se enfrentaría el gobierno de esta Bolivia, mucho peor que en el segundo escenario.
Muchos países en la región y el mundo vivieron estos escenarios que acabo de describir, como es el caso de Perú, Ecuador o Colombia, ¿alguien recuerda lo sucedido?, hubo protestas y descontento social generalizado. ¿Y en Bolivia?, en nuestro caso la situación fue distinta, debido a que el Gobierno mantuvo la subvención, la cual contribuyó a mantener una inflación baja.
Si se levanta la subvención, la Bolivia distópica será una realidad. Tal vez muchos analistas no toman en cuenta los escenarios que acabo de mencionar, porque ellos solo ven el alivio de la carga fiscal. Pero como demostré, la eliminación de esta medida puede llevarnos a varios caminos, y ninguno parece prometedor desde el punto de vista social; por el contrario, converge a una Bolivia en el peor de los escenarios posibles. Evidentemente se debe trabajar en la subvención, ya sea en una estratificación que no perjudique a los más vulnerables, luchar contra el contrabando, entre otros. Pero considero que el aspecto más importante es el de generar conciencia social, para que la población entienda sobre la importancia de esta medida, así también, se debe impulsar el cambio de la matriz energética, un tema presente en la agenda del actual Gobierno.
(*) Álvaro Aruquipa es ingeniero comercial y analista económico







