Durante el último sábado de julio, en conmemoración a la autonomía universitaria se realizó la entrada de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la que alrededor de 60 fraternidades de danzas folklóricas de nuestro país bailaron entre cientos de espectadores, donde la alegría, la tradición y desde luego los excesos fueron la evidencia de su paso por el centro de la ciudad de La Paz.
A diferencia de otros años, la particularidad de este fue la elección del “chacha-warmi” en cada fraternidad, con lo que se dejó atrás la tradicional promoción y elección de la ñusta universitaria, en la que al igual que muchos otros certámenes de belleza únicamente una joven universitaria debía pugnar con otras tantas similares, para llevarse el título. En esta ocasión, cada grupo debía presentar una pareja (hombre-mujer) que demostrara su habilidad en el baile y de esa manera competir por el título de “chacha-warmi” universitario.
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Así como se ha hecho costumbre en otros niveles educativos en nuestro país, en los que se ejecutan ideas o cambios de paradigma sin que los propios involucrados conozcan con plena certeza el motivo, de manera similar se llevó a cabo la elección de la pareja representativa o “chacha-warmi” de este año, evento que se realizó días antes de la entrada.
Al respecto, cabe señalar que esta figura milenaria dentro de la cultura andina tiene que ver con un principio de complementariedad, en la que su relacionamiento influye directamente en la realidad. Representando lo masculino con el sol y lo femenino con la luna, la permanente dialéctica entre ambos, la oposición del uno con el otro no se consideraba como algo excluyente, sino como opuestos necesariamente complementarios para generar vida. El teólogo y filósofo Josef Estermann, en su libro Filosofía Andina señala lo siguiente: “El individuo autárquico y autónomo es para la filosofía andina un ‘no ser’, una mitad incompleta, un ser sumamente deficiente. Por eso, hablando en términos de identidad, el ser humano andino solo tiene identidad en la medida en que se realice complementariamente.” En ese sentido, cuando se traslada a determinados escenarios ya sea principios o categorías de relevancia en el mundo andino (como identidad, complementariedad, dualidad, femenino/masculino, entre otros), sin una previa y merecida ilustración del motivo, a pesar de que el debate académico en ese campo es bastante amplio, se cae en una banalización de aquello que posiblemente se pretende promocionar, rescatar o redimir. Así como en otros niveles educativos, no queda clara la intención de los nuevos enfoques educativos.
Lo cierto es que comprender y analizar los paradigmas de nuestra cultura, la forma en la que se presentan en la actualidad, así como la manera en que esas categorías llegan hoy a la juventud boliviana; requieren de un estudio previo, de estrategias comunicativas que propicien el conocimiento de principios que se manejaron ampliamente por nuestros ancestros. No está demás que los actores principales de cada una de esas fraternidades, integradas en su mayoría por futuros profesionales, entiendan el trasfondo de lo que representa la figura del “chacha-warmi”; este año al parecer muy pocos supieron el por qué y para qué, no queda más que esperar con optimismo la próxima gestión y observar cómo se desarrollan las nuevas políticas educativas en la universidad pública más emblemática de nuestro país.
(*) Pamela Quino Montenegro es abogada






