La información recorre por el aire. El celular inteligente, anclado a las manos del usuario, está presto para filmar, tomar una foto y reportar un hecho desde cualquier ángulo. Un accidente, un chofer imprudente, un acto curioso, una incongruencia de la calle, son valiosos insumos para enviarlos y difundirlos al menos por tres nuevos suplentes que están archivando la nueva realidad en la nube: los perfiles personales de los llamados influyentes, los canales de TikTok y los programas de radio que salen por streaming y páginas de Facebook.
Describiremos cada uno de estos nuevos soportes de consumo de la información. ¿Qué son esos perfiles digitales? Son cuentas de periodistas, concejales, funcionarios públicos que, interesados por crear comunidades, han abierto una línea de WhatsApp a través del cual reciben denuncias y las replican o investigan en sus cuentas personales principalmente de Facebook, TikTok y YouTube. Se narran a través de historias, usan poca documentación de respaldo y describen un tema a través de escenas. Suelen ser en su mayoría denuncias públicas y generan juicio de valor entre sus audiencias. Tienen una comunidad lista para comentar.
Los canales de TikTok personales también son los nuevos noticieros y fuentes de información exprés. En pocos minutos, una persona corriente sin cargos ni títulos de por medio narra una historia de la calle, la sube y genera reacciones de sus apuradas audiencias. El dueño de una cuenta puede reportar conduciendo una moto como dentro de un trufi. Puede hablar de niños, cementos y tratamientos como denunciar a un policía abusivo sin filtros ni editores. Y la comunidad juzga si es de interés o no y las va convirtiendo en tendencias según el número de vistas e interacciones.
Y un tercer grupo de reporteros emergentes y masivos son los programas de radio por streaming que cuentan con su propio perfil en Facebook a través del cual difunden hechos policiales diarios, reportes de cámaras web de accidentes, su propio programa con reporteros en línea que hablan desde el mismo lugar de los hechos. Los presentadores de estos programas interactúan al vivo con sus audiencias que tienen la confianza para hablar sin filtros ni editores de por medio.
Así como en el fútbol un jugador suplente ingresa en los minutos complementarios del partido para reemplazar a un titular que luce cansado o lesionado, estos medios emergentes están desplazando las nuevas audiencias y ganando terreno que los medios tradicionales creían tener ganados tras muchos años de arduo trabajo.
Al respecto podemos reflexionar en dos aspectos. Los medios tradicionales en Bolivia tienen una gran expertiz en el tratamiento informativo, en la confiabilidad que han construido durante varios años, pero han ido perdiendo terreno en la relación con el sector corporativo que solía invertir en publicidades. Pocos se han acercado a las agencias que manejan la pauta publicitaria de las empresas; pocos acuden a las convocatorias de prensa de las marcas porque se niegan a aceptar que eso es una “noticia” y surge el pensamiento de que “si tiene plata que pague por su nota” o “hay temas más importantes que la presentación de un pañal, un celular o un nuevo servicio financiero”, y han puesto en los extremos de una balanza de poder a las empresas y al otro extremo a los gobiernos sospechando que ambos tienen intereses oscuros detrás de una invitación a una conferencia de prensa.
Los periodistas de calle de los medios tradicionales han desarrollado una gran habilidad para realizar un tratamiento de toda la información que reciben. Saben contrastar un dato y complementarlo con una infografía, con una crónica o una nota de apoyo. Han aprendido a dominar géneros, a investigar un tema con amplitud de fuentes, a narrar con más soltura de dedos y a talar la información como un orfebre hace con el hierro. Ese es su valor agregado. Ahí radica el corazón de su trabajo. Eso los difiere de los tres suplentes que siguen calentando para ganarse más minutos y la aceptación de la hinchada.
(*) Gary Rojas Jordán es periodista, lector y cristiano por convicción






