En marzo de este año se presentó en la ciudad de Cochabamba un importante libro que reúne el pensamiento social con la creación artística y los imaginarios latinoamericanos. Se trata de La Herencia (Plural Editores/CESUS/UMSS), del sociólogo boliviano Fernando Calderón a la cabeza de un grupo de especialistas.
Y digo importante porque se trata de una reflexión teórica, panorámica y suficiente, sobre un tema que comparte con su amigo y colega Javier Sanjinés C., a saber: los trasvases de los momentos y pensamientos políticos hacia la creación artística, ensayística y literaria en América Latina. Si Sanjinés se sitúa más en lo local, Calderón amplía el marco geográfico a toda la región, desde el río Bravo hasta los confines de los países más australes de nuestra casa mayor.
Lea también: El Crucero de los Andes
En ese marco geográfico se resumen las intensas interacciones entre lo político y lo creativo. Un tema apasionante y poco desarrollado en nuestro medio. Normalmente la historiografía del arte se limita a consideraciones históricas y/o estilísticas que, en su sapiencia y erudición, desatienden a los mecanismos sociales que el ser humano va montando y que son la base ideológica, la superestructura que sostiene las creaciones más sublimes o las más aborrecibles.
En La Herencia de Fernando Calderón et alt, encuentras el germen del pensamiento creativo en las diversas sociedades latinoamericanas del siglo XX comenzando por el Arielismo del uruguayo José Enrique Rodó, siguiendo con el peruano César Vallejo; la experiencia de La Comuna en Latinoamérica; la Revolución Mexicana, el muralismo y Frida Kahlo ligados a José Vasconcelos y Octavio Paz; el proceso trunco de Allende con Neruda, Violeta Parra y Roberto Matta; Cuba con José Martí, Fidel y Wifredo Lam (así, sin ele); Nicaragua y El Salvador hermanados con la Teología de la Liberación; las juventudes universitarias en Córdova, Argentina; la arquitectura lecorbusiana de la Cepal; los nexos entre Haya de La Torre, Mariátegui y Vargas Llosa; y, por supuesto, el proceso boliviano del 52. Usando un término muy querido por Calderón está casi todo el ch’enko de nuestra historia política, cultural y social, y su destilado artístico/espiritual.
La Herencia es un texto de consulta imprescindible para el medio académico del arte porque te aporta datos que ignoras, o te refresca la memoria de todo lo vivido y sufrido por este continente. Un sufrimiento pendular entre el mal representado por Calibán y el bien personificado por el ángel Ariel (lo apolíneo y lo dionisíaco en clave latina). Ambos personajes del ensayo del uruguayo Rodó de 1900, que acertadamente es citado en primer lugar en este compendio de perspectiva panorámica.
(*) Carlos Villagómez es arquitecto







