Los enormes avances tecnológicos en materia de comunicación han traído consigo una creciente interdependencia (al menos en términos de información) entre las distintas sociedades del mundo, lo que se traduce a su vez en que todo el mundo comparte de alguna manera las mismas preocupaciones e incertidumbres que caracterizan a esta época de transiciones políticas, sociales y culturales.
Entre las circunstancias que generan mayor incertidumbre a nivel global destacan las inocultables manifestaciones cada vez más graves del cambio climático; las consecuencias de la inteligencia artificial por lo que pueda afectar al empleo y a la manipulación de la verdad y la privacidad de las personas, y los diversos conflictos geopolíticos que no tienen perspectivas de solución definitiva en el futuro inmediato.
Cada uno de estos temas se manifiesta de manera particular en los distintos países, según la manera en que se perciban los efectos correspondientes, y así también según las políticas que adopten las autoridades respectivas.
En nuestro caso particular, existen ansiedades sociales que están relacionadas con los mencionados temas globales, y que aparecen en forma indirecta en las diversas encuestas de opinión que se han publicado en las semanas pasadas. De manera general, el estado de ánimo más difundido corresponde a la sensación de incertidumbre generalizada sobre el futuro, con referencias específicas a la desconfianza en la capacidad del Gobierno de solucionar los problemas económicos que afectan a la situación de la gente, la inseguridad ante la violencia de todo tipo, y la subordinación de la Justicia a los dictados del poder político o económico.
Conviene examinar ahora las cuestiones que no aparecen en las encuestas, aunque constituyen problemas reales que demandan respuestas verosímiles de parte de las autoridades gubernamentales.
Como primer tema, me parece preocupante que no se preste la atención necesaria a la cuestión del agua. Por una parte, varias zonas del país ya están sufriendo la falta de agua debido a la sequía derivada del aumento de la temperatura y también como resultado del chaqueo en los Yungas. Las consecuencias correspondientes consisten en la disminución del nivel del lago Titicaca, así como en la reducción del caudal de varios ríos en el Occidente, que provocan una enorme mortandad de peces y otras especies.
El problema se torna mucho más grave aun por la contaminación de lagunas y ríos con mercurio, la copagira y otros residuos provenientes de las actividades mineras en la cuenca de los ríos amazónicos del norte de La Paz y el Beni, pero también en los departamentos de Oruro y Potosí.
En este orden de cosas, es comprensible la preocupación de los vecinos de La Paz y El Alto por la escasez de agua potable, agravada por la contaminación con ácidos y metales de las aguas que vienen de las represas de Incachaca y Hampaturi, que suministran agua a la ciudad. Las investigaciones realizadas por expertos de la UMSA han corroborado el problema, pero la situación ha sido minimizada por funcionarios de EPSAS.
Un segundo problema relacionado con el calentamiento global tiene que ver con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en cada país, lo que incluye ciertamente el compromiso de disminuir la contaminación ambiental originada por el transporte público. La Paz y Cochabamba, y también otras ciudades en el país, sufren a diario por la desagradable contaminación que provocan los camiones, buses y micros del transporte público, sin que las autoridades tomen cartas efectivas en la solución de este problema de salud pública.
Así vistas las cosas, no debe llamar la atención que se abra una brecha creciente entre las prioridades cotidianas de la sociedad y los intereses políticos del Gobierno, como han puesto en evidencia las encuestas recientes.
Horst Grebe es economista.







