El comunitarismo es una corriente de pensamiento moral y político que apareció en la década de los años 80 del siglo pasado. Los comunitaristas consideran que para organizar una sociedad las personas deben compartir una determinada idea del bien, lo que supone que estas personas tienen algo en común: pertenecen a una comunidad que les otorga a todos ellos las ideas del bien y del mal. Para los comunitaristas las personas no eligen las ideas del bien y del mal, sino que las descubren por su pertenencia a una determinada comunidad.
Uno de los pensadores comunitaristas más interesantes es el filósofo escocés Alasdair MacIntyre, quien utiliza para sus explicaciones teórico-conceptuales el sistema de narración histórica, por ello una buena parte de sus libros, como Historia de la Ética y tal vez su libro más importante Tras la virtud, son sendos recorridos históricos en la formación y práctica de una idea, en particular relatos que van desde la filosofía griega a la modernidad.
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Alasdair McIntyre explica, por ejemplo, los conceptos éticos a partir de sus usos y desarrollos históricos para develar —y este es uno de sus argumentos más fuertes— que no es solo la razón humana la que los concibe y concretiza, sino un conjunto de prácticas sociales, comunitarias e históricas. Los valores éticos se los concibe, se los practica y se los aprende en comunidad. Todo lo valioso se practica, es decir, nace y se desarrolla en la práctica comunitaria.
Una de las ideas centrales de la filosofía ética de Alasdair McIntyre es el par opuesto: bienes internos versus bienes externos. Los bienes internos solo pueden ser especificados en referencia a la práctica de la cual son parte, y solo pueden conocerse participando de ella, en cambio los bienes externos son parte de la práctica, pero están unidos a ella solo de manera contingente. Veamos un ejemplo, yo tengo una sobrina a la que le prometí un juguete por cada libro para niños que lea. Ella está, temporalmente, más interesada en los juguetes que en la lectura, pero espero que mi sobrina adquiera el gusto por la lectura, para que lea no por los incentivos (bienes externos), sino por amor a la lectura (bienes internos).
Las prácticas con bienes internos precisan de una participación en ellas, para ello según Alasdair McIntyre, se encuentran las instituciones básicas de una sociedad, que son las sustentadoras de las prácticas que cultivan los bienes y valores internos. Las instituciones son formas organizadas de prácticas y bienes externos que son útiles para el desarrollo de los bienes internos. El riesgo, en una sociedad como la nuestra, es que las instituciones se queden únicamente en el cascarón de los bienes externos y que terminen produciendo personas con un comportamiento fácil, instrumental y no comunitario.
(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA.







