En las dos primeras décadas de lo que va de este siglo, hubo una crisis catalizadora y transformadora en el sistema financiero, la de 2008, basada en las incoherencias de los instrumentos financieros de la burbuja inmobiliaria; a ella se adicionó la preocupación de las instituciones que configuran la globalización respecto al deterioro del medio ambiente, el cambio climático, la eficiencia energética y los problemas del multipolarismo. Sin embargo, el inicio de la tercera década de nuestro siglo será, por largo tiempo, motivo de análisis e investigación, ya que en ella se entrelazan diferentes tipos de crisis que no estaban previstas en la agenda analítica: la crisis sanitaria debido a la pandemia del COVID-19, la crisis geopolítica por el conflicto Rusia-Ucrania, y el conflicto entre Israel y Palestina.
En efecto, las fluctuaciones vertiginosas de los mercados ante eventos no previstos han hecho que los indicadores financieros dejaran de ser herramientas con las que se pueda analizar situaciones financieras en determinados periodos, para convertirse en factores que van más allá de la toma de decisiones. La consolidación de la competitividad comparativa permite tomar decisiones estrategias en los ámbitos económico, financiero y de la cultura corporativa, lo que conduce a la necesidad de alianzas de diferente tipo a mediano y largo plazo.
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En tal sentido, la innovación en el contexto económico-financiero es esencial, pues incrementa la eficiencia y la eficacia de los sistemas productivos, logísticos, transaccionales, entre otros, a través de la incorporación de instrumentos financieros y del uso de modelos, técnicas, herramientas y metodologías novedosas, todo junto con el avance de las tecnologías de información.
Los autores Freije y Gómez Bezares hacen énfasis en el papel social de las finanzas que forman parte del valor agregado de las autoridades financieras, razón por la cual no debe ser únicamente para quienes ostentan riqueza, sino también para quienes no la tienen, y esto se logra adoptando un planteamiento pluralista en el cual todos los partícipes sociales se beneficien de esta creación de valor, observamos entonces los primeros vestigios de la responsabilidad empresarial financiera. Pensamiento que el actual Gobierno impulsa fehacientemente a través de las empresas estatales, las cuales administran y controlan sus procesos empresariales, aspectos que se plasman en su situación financiera, siendo que la administración y el control pueden ser apoyados por sistemas de información como ser los Sistemas Contables, ERP (Planeamiento de Recursos Empresariales) y otros sistemas relacionados.
Asimismo, entidades gubernamentales, viendo la importancia de tener indicadores de medición y más aún en términos de eficiencia económica, desarrollaron un instrumento de indicadores financieros consolidado y estratificado de todas las empresas públicas, a partir de un modelo de armonización de datos financieros. Es ahí donde se aplican soluciones tecnológicas apoyadas en los Sistemas de Soporte a las Decisiones (DSS), obteniéndose de forma muy eficiente y eficaz información oportuna que agiliza el tiempo de respuesta al elaborar periódicamente y a solicitud reportes requeridos por los órganos rectores del Estado. De esta manera, esta armonización de datos logró resolver un problema de ambigüedad en la contabilidad de las empresas a partir del modelo tecnológico planteado, con el fin de poder elaborar indicadores financieros de forma individual o de un grupo determinado de empresas de acuerdo con las características deseadas a ser analizadas.
En este sentido, a través de estas soluciones tecnológicas es posible lograr una gestión eficiente y desburocratizadora, que en un futuro permitirá interconectar la información de forma sincrónica para optimizar aún más la disponibilidad de información como mecanismo para la toma de decisiones, siendo que la interoperabilidad es la piedra angular de la transformación digital en Bolivia, que nos permitirá el avance tecnológico y desburocratizador que se impulsa en el Gobierno.
(*) Marcelo Chávez Durán es doctor en Ciencia y Tecnología






