Durante los últimos dos meses, un pequeño grupo de senadores de ambos partidos ha estado negociando un acuerdo para abordar la crisis en nuestra frontera sur. Los legisladores están unidos en su deseo de impedir que inmigrantes no autorizados entren a Estados Unidos, un objetivo ambicioso que ha eludido a administraciones anteriores. Pero es probable que las políticas en discusión impulsen más migración no autorizada a la frontera y empeoren aún más los desafíos migratorios del presidente Biden.
En diciembre, los funcionarios fronterizos procesaron a unos 300.000 inmigrantes, la mayor cantidad registrada en un solo mes. Durante la última década, los líderes republicanos en el Congreso no se han sentado a la mesa para negociar políticas de inmigración que los estadounidenses apoyan y, sin embargo, han creado la falsa percepción de que las políticas de la era Trump pueden resolver la crisis fronteriza. El historial de Trump en materia de inmigración muestra que no es tan simple.
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Las negociaciones demuestran hasta qué punto el debate sobre la inmigración se ha alejado de las soluciones que alguna vez definieron los esfuerzos bipartidistas de reforma migratoria. Hoy en día, mientras la crisis se siente no solo a lo largo de la frontera sino también en ciudades de todo el país, los votantes desaprueban firmemente el manejo de la frontera por parte del presidente Biden. Su administración no ha tomado medidas significativas. Como resultado, los demócratas ahora están más abiertos a trabajar hacia una solución que reduzca la inmigración no autorizada.
El acuerdo propuesto restringiría y ampliaría simultáneamente la autoridad ejecutiva. Para empezar, Biden podría perder poderes clave que los presidentes han utilizado durante décadas para regular la inmigración en tiempos de crisis. Peor aún, si Trump es reelegido, tendrá nuevas herramientas a su disposición que podría utilizar para aterrorizar a los inmigrantes y agudizar aún más el caos en la frontera.
La exigencia más absurda del actual acuerdo fronterizo es que los republicanos del Senado quieran restringir la autoridad de libertad condicional del presidente. Los demócratas pueden pensar que vale la pena adoptar políticas de inmigración punitivas con la esperanza de mejorar las cifras de las encuestas de Biden. Pero si estos legisladores realmente quieren impedir que la gente venga aquí, también deben abordar los factores que impulsan la migración.
Hay demasiado en juego para que los demócratas acepten los términos de esta propuesta del Senado. Biden ha comenzado su campaña de reelección con la promesa de proteger nuestra democracia de estos daños. Sin embargo, al comprometerse con políticas que probablemente aumenten la migración no autorizada en la frontera, corre el riesgo de envalentonar a Trump y a los de su calaña para que intensifiquen sus ataques contra los inmigrantes.
El presidente debe ayudar a los votantes a comprender que la frontera no cambiará hasta que el Congreso construya el sistema de inmigración que nuestro país necesita. Este momento político exige soluciones ambiciosas que puedan abordar el alcance del desafío migratorio actual, no un conjunto de políticas que nos mantendrán estancados en el mismo marco legal fallido de la última década.
(*) Andrea Flores es columnista de The New York Times







