Los conflictos armados, las invasiones y la ambición de poder son la principal causa de deserción escolar y universitaria de niños, adolescentes y jóvenes, de acuerdo con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el cual señala que existen más de 26 millones de niños que viven en zonas de conflicto en 22 países que no pueden ir a la escuela.
Cada día crece la inversión en armamento, superando los más de $us 3 billones en 2023, siendo que la ayuda militar estadounidense a Ucrania rozó los 50.000 millones el pasado año, de acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos en la Escuela de Leyes y de Diplomacia de la Universidad de Tufts. Y en febrero de este año, el Senado de Estados Unidos, aprobó un paquete de ayuda de unos 88.500 millones de euros (o $us 95.340 millones) para Ucrania e Israel.
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Uno de cada cuatro niños no asiste a la escuela en Yemen, Irak, Siria, Afganistán, Libia, los Territorios Palestinos, Sudán y los tres países que acogen a un gran número de refugiados sirios —Jordania, Líbano, Turquía—, además de otros países que se encuentran en zonas de conflictos armados, según la Unesco, datos que nos explican que las invasiones de EEUU, Israel y sus aliados no solo causan efectos desastrosos en la salud de los niños, sino también en la privación de sus derechos, como el de la educación.
El lobby armamentístico, la hipocresía de EEUU, los países europeos, “la Comunidad Internacional” y otros organismos internacionales están pulverizando a la humanidad; que hacen poco o nada para detener el genocidio y la limpieza étnica contra el pueblo palestino, sobre todo en la Franja de Gaza, donde en estos casi seis meses la entidad ocupante intensificó sus ataques convirtiendo al enclave en un “cementerio abierto” —con ya casi 33.000 muertos—, donde la mayoría son niños y mujeres; con enfermedades, inanición y hambruna en la población, ya que —según la OMS— uno de cada tres niños menores de dos años en el norte de la ciudad sufre de desnutrición aguda.
Este es el plan israelí, expulsar definitivamente a los gazatíes y borrarlos del mapa, su historia y su memoria, devastando museos, universidades, escuelas, centros culturales, archivos históricos, que en su mayoría son patrimonio de la humanidad, por ejemplo, los más de 300 monumentos arqueológicos e históricos, incluidos santuarios religiosos; en otros términos, el régimen israelí quiere arrasar con todo el entramado material y espiritual que hace posible el funcionamiento de cualquier sistema cultural, educativo de un pueblo.
El derecho internacional humanitario, mediante el cuarto Convenio de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales de 1977, ofrece protección específica a los niños en los conflictos armados; pero esta protección no está siendo cumplida por el ente ocupante, convirtiéndose en violador de los derechos humanos y responsable de crímenes contra la humanidad, sobre la niñez, la adolescencia y la juventud, así ya ha sido denunciado constantemente por organismos de derechos humanos como Save the Children e incluso por la propia ONU.
Israel no solo privó a los niños, los jóvenes de Gaza, de su derecho a la educación, sino acabó con la vida de más de 13.000 menores en la Franja de Gaza durante la agresión israelí iniciada desde el 7 de octubre, de acuerdo con Unicef. Más de 600.000 alumnos y otros 88.000 universitarios de Gaza se privaron de su derecho a la educación por los continuos bombardeos israelíes; es decir, la destrucción del sistema educativo es uno de los efectos colaterales, ya que el daño al 70% de escuelas y universidades supera los $us 720 millones, según el Fondo Monetario Internacional.
Gaza se ha convertido en laboratorio de armas para Israel, pues se ha dado cuenta que la ocupación es una herramienta de marketing de su industria militar en sí misma, para ello utiliza armas impulsadas por IA en sus sistemas aéreos y navales, así lo señala Antony Loewenstein, autor del libro El laboratorio palestino.
Los niños y los jóvenes en Gaza no tienen al tiempo de su lado, el régimen sionista está agravando el bloqueo a un pueblo que cada día es masacrado, el cese al fuego es el grito de la humanidad por los millones de niños que viven bajo los bombardeos. ¿Acaso no tienen derecho a vivir?
(*) Sdenka Saavedra Alfaro es escritora, corresponsal internacional de HispanTV






