El país, la región y el mundo se encuentran ante el reto de transformar sus sistemas agroalimentarios para contribuir a la sostenibilidad de nuestro planeta y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) sin dejar a nadie atrás. El 22 de abril conmemoramos el Día Internacional de la Madre Tierra con este desafío y la triple meta de frenar la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y preservar el medio ambiente para lograr erradicar el hambre y la pobreza.
Hoy más que nunca es fundamental la diversificación de los medios de vida y la promoción de prácticas agrícolas sostenibles, es decir, promover técnicas agrícolas que conserven el suelo y el agua, el uso de cultivos resistentes a la sequía y la implementación de sistemas de riego eficientes. Esto no solo aumentará la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a eventos climáticos extremos, sino que también ayudará a conservar nuestro patrimonio alimentario.
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Hay mucho que trabajar en ese sentido y también en la conservación de los ecosistemas naturales, como bosques, humedales y cuencas hidrográficas, que proporcionan servicios ecosistémicos clave para la mitigación de desastres naturales.
Tan importante como todo esto es el fortalecimiento de la capacidad de respuesta, estableciendo planes de emergencia comunitarios y robusteciendo las capacidades para la gestión de desastres y las acciones anticipatorias.
Es crucial capacitar a las y los agricultores en prácticas agrícolas sostenibles que conserven los recursos naturales, como la rotación de cultivos y el manejo integrado de plagas; apoyar la transición hacia sistemas agrícolas basados en principios que promuevan la biodiversidad, la regeneración del suelo y la reducción del uso de insumos externos. Esto incluye la conservación y el intercambio de semillas y variedades locales adaptadas a las condiciones específicas de cada región, lo que contribuirá a preservar la biodiversidad agrícola y la seguridad alimentaria.
A la par, hay que trabajar en la implementación de sistemas de riego eficientes y tecnologías de conservación de agua para garantizar un suministro adecuado de agua para los cultivos, especialmente en épocas de sequía.
Nada de esto será suficiente si no empoderamos a las comunidades, facilitándoles el acceso a recursos, financiamiento y tecnologías apropiadas para la producción agrícola sostenible; o el fomento del consumo de alimentos producidos localmente, el apoyo a los mercados locales y a circuitos cortos de comercialización, lo que fortalecerá la economía local.
Cada una de estas acciones tienen vínculo y sustento en las cuatro mejoras que propone la FAO: Mejor producción, Mejor nutrición, Mejor medio ambiente, Una vida mejor, cada una con interconexiones entre las dimensiones económica, social y ambiental de los sistemas agroalimentarios. Estamos seguros de que el Estado, la cooperación internacional y el Sistema de Naciones Unidas en Bolivia, lograremos esta necesaria transformación para alcanzar, juntos, la preservación de la Madre Tierra y el cumplimiento de la meta Hambre Cero.
TRIBUNA 2
(*) Rodrigo Roubach es representante de la FAO en Bolivia







