Desde 1948, cada 15 de mayo el pueblo palestino conmemora la Nakbah (la catástrofe), fecha en que fue masacrado y expulsado de su tierra a manos de las milicias israelíes y sus aliados. Hoy, lamentablemente la historia se repite en Gaza a manos de los mismos actores, pero con un genocidio más sanguinario, utilizando alta tecnología y armamentos más sofisticados y de destrucción masiva. La limpieza étnica sigue en todo el territorio palestino por octavo mes consecutivo, dejando más de 35.200 víctimas, entre ellas 14.100 niños, 9.200 mujeres, 1.050 ancianos y más de 11.000 desaparecidos, con más de 80.000 heridos y dos millones de desplazados por la fuerza militar israelí.
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La limpieza étnica es una parte esencial de la estrategia del movimiento sionista, basada en «apoderarse de la mayor superficie posible de tierra de Palestina con el menor número posible de palestinos». De hecho, los sionistas actuales critican a la generación fundadora del sionismo, diciendo que no acabaron su trabajo en 1948, que no lograron una limpieza total matando o deportando a todos los palestinos y que cometieron el gran error histórico estratégico de permitir que los palestinos se multiplicaran en la Palestina ocupada. Hoy en día, las bandas armadas sionistas están llevando a cabo exterminios masivos y deportaciones, evitando su difusión mediática, prohibiendo la entrada de los medios de comunicación con la intención de ocultar las masacres y negar su comisión.
La limpieza étnica fue y sigue siendo un plan sionista sistemático y una política estratégica israelí. Ha acompañado al proyecto sionista desde sus inicios y estaba en el centro de la doctrina sionista. La expulsión y el desplazamiento forzado bajo la amenaza de muerte y expulsión de los palestinos de sus tierras era el objetivo común del movimiento sionista para borrar el nombre de Palestina del mapa mundial.
Después de más de 220 días de guerra, con cada día que pasa se confirma la falsedad de la narrativa promovida por la entidad sionista, especialmente por Netanyahu, de que el objetivo de la guerra es recuperar a los secuestrados y eliminar al movimiento Hamás, ocultando el objetivo real que se extiende más allá de Gaza y de Hamás, que es el de liquidar la causa palestina.
Netanyahu todavía insiste en mentir para justificar la continuación de la guerra, afirmando que estos dos objetivos no se han logrado; también continúa logrando sus verdaderos objetivos: más asentamientos en Cisjordania y la judaización de Jerusalén.
¿Cómo alguien puede creer que esto es una guerra contra Gaza y contra Hamás a la luz de la destrucción sistemática de todos los edificios e infraestructuras en la Franja de Gaza, donde se apunta a los civiles y se los mata?
¿Por qué continúa el riesgo de desplazamiento de la población de la Franja de Gaza hacia el extranjero?
¿Cuál es la relación entre la liberación de los secuestrados y la eliminación del movimiento Hamás? ¿Por qué impedir que la agencia de ayuda de las Naciones Unidas, UNRWA, funcione e incitar a los países a cortarle la financiación cuando dicha agencia es un símbolo de la cuestión de los refugiados y del derecho al retorno?
¿Cuál es la relación entre los objetivos declarados y la retención de fondos fiscales al gobierno palestino? ¿Cuál es la relación con la incitación a los países del mundo contra el gobierno y los dirigentes palestinos?
¿Acaso se rebelaron los estudiantes de las universidades estadounidenses y europeas, los movimientos de opinión pública y las organizaciones internacionales contra el Estado sionista solo porque querían liberar a sus prisioneros y eliminar a Hamás, o es porque los objetivos israelíes van mucho más allá con una guerra de genocidio y limpieza étnica contra todo el pueblo palestino?
Es evidente que el objetivo de los sionistas y sus aliados no es más que una limpieza étnica de los palestinos con el fin de liquidar su legítima causa.
(*) Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia






