La apabullante victoria en la última elección de las principales autoridades de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) devela el rechazo y hastío de las formas de gestión desarrolladas en su interior, con grupos reducidos de docentes autoridades y dirigentes estudiantiles que ejercieron el poder para sí mismos, conformando camarillas, tejiendo verdaderas redes de corrupción y tráfico de influencias en diferentes espacios, sumiendo a la universidad en una profunda crisis política, institucional y académica.
Sin embargo, en la universidad existen dignos estudiantes, que son la mayoría, y muy buenos docentes. La UMSA es una institución de los mayores contrastes, en ella se encuentran lo/as mejores docentes e investigadores, pero también hay de los otros, los oportunistas y más proclives a la reproducción de la mediocridad, que han encontrado en la universidad un refugio para sobrevivir.
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Es el momento de develar estos problemas y vislumbrar cambios trascendentales en la universidad, definiendo un rumbo diferente a nuestra alma mater. Avanzar en ese sentido, significa no solo revelar los principales nudos problemáticos, sino también proponer alternativas de solución posibles en los ámbitos más vapuleados, como son la calidad académica, la distorsión de la democracia y el cogobierno producto de la despolitización de la universidad y la crisis de la autonomía universitaria.
La mayor manifestación de la crisis de la calidad académica es la desvalorización de la solvencia académica y, con ello, la devaluación de los títulos y grados que emite la universidad. Parte de esta desvalorización está vinculada al plantel docente, que en varias unidades académicas no se ha renovado, y los procesos de selección y admisión docente han dejado de ser idóneos y transparentes. En este ámbito es prioritario mejorarlos, los exámenes de competencia deben considerar pruebas académicas que examinen la capacidad de los docentes y su solvencia ética y moral, y garantizar la transparencia de estos procesos evitando el manipuleo de resultados.
Otra tarea urgente es impulsar procesos que permitan actualizar los planes de estudios, encarando procesos formativos más ágiles y especializantes, garantizando una formación adecuada y pertinente en cada unidad académica, con la mirada puesta en la calidad que respalde y avale un grado académico.
La universidad debe ir acorde al desarrollo de la sociedad del conocimiento y al desarrollo de la tecnología, por lo que los docentes tienen la obligación de actualizarse y capacitarse constantemente; por eso, la información, el conocimiento y la tecnología deben ser los pilares de la gestión universitaria.
Los procesos de evaluación y acreditación desarrollados en las unidades académicas de la UMSA han sido reducidos a procesos administrativos de un check list y constatación in situ del equipamiento e infraestructura, habiendo distorsionado el verdadero sentido de la evaluación y acreditación. La propuesta es trascender la evaluación cuantitativa y considerar la valoración cualitativa, sobre todo los aspectos académicos, trascendiendo la evaluación de vitrina y propaganda, por informes más integrales y académicos.
La despolitización y ausencia de un discurso político en la universidad es parte central de su crisis y con ello las distorsiones de las prácticas democráticas y el ejercicio del cogobierno con estudiantes y dirigentes cooptados por autoridades con prácticas prebendales y clientelares. Politizar, profundizar y mejorar los procesos de elección, reponiendo el voto libre y secreto, solventará la democracia en la universidad, así como la incorporación de principios de equidad, igualdad y alternancia de género con “cero tolerancia al acoso y a la corrupción” serán las bases para consolidar la democracia.
Impulsar la realización del II Congreso de la UMSA para reposicionar la naturaleza pública de la universidad, recuperar la autonomía y el cogobierno, debe ser también prioritario.
La autonomía en la universidad es más que un discurso, es un bastión de lucha y de la democracia, significa libertad académica y pluralidad ideológica, debe permitir a la UMSA autogobernarse, elegir a sus autoridades idóneas, elaborar y actualizar sus normas, manejar su propio presupuesto y administrar sus recursos en función del plan de desarrollo universitario.
(*) Irma Sangüesa Figueroa es docente investigadora de la UMSA







