Una vez más es necesario abordar la temática del rechazo y la indignación que ocasionan los “políticos” en la población y que derivan también en el denominado voto castigo cuando llega el momento de elegir o votar por una determinada opción política o candidatura.
Es lo que está ocurriendo en este último tiempo por ejemplo en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde unos y otros, oficialistas y opositores, evistas y arcistas, están cada vez más desgastados y desprestigiados porque cada quien pretende mostrarse como salvador de la patria, cuando en los hechos ocurre todo lo contrario, porque el común denominador en ellos es su interés personal o de grupo, y demagógicamente dicen defender o trabajar por los intereses de la patria…
Otra situación que origina indignación es la postura de los seguidores del expresidente Evo Morales y de él mismo como resultado de las pugnas y la división de la militancia del partido gobernante, ya que el Movimiento Al Socialismo (MAS) está en el peor momento de su historia y, tal como van las cosas, está camino a su autodestrucción.
A propósito de la facción denominada “evista”, sus portavoces y el mismo Morales en este último tiempo están empeñados en lanzar amenazas y advertencias con expresiones como del dirigente campesino Ponciano Santos, quien entre otras aberraciones dijo: “…correrá sangre en caso de que inhabiliten como candidato a nuestro líder Evo Morales”, y también habló de provocar una “guerra civil” en Bolivia.
Por su parte, el expresidente Morales, en tono amenazante, dijo que “por las buenas o por las malas”, él será nuevamente candidato presidencial y de no ser así, habrá convulsión social en el país, algo de lo que él y sus seguidores —como señaló— no serán los responsables, en cuanto a provocar luto y dolor.
A propósito de esta temática, el líder sudafricano Nelson Mandela sostiene lo siguiente: “Las mentes que buscan venganza, destruyen Estados; mientras que las mentes que buscan reconciliación construyen naciones. Al salir por la puerta de mi libertad supe que si no hubiera dejado atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, todavía sería un prisionero. Somos lo que hacemos y no lo que decimos que vamos a hacer”.
En todo caso, cada vez es peor el desgaste, el desprestigio y la desconfianza de la ciudadanía contra oficialistas y opositores, contra evistas y arcistas, y ojo que se trata de señales muy riesgosas no solamente para la denominada “clase” política, sino también para la democracia en Bolivia.
Guido Romay R. es periodista, profesor y escritor.






