El sábado 13 de enero, venció las elecciones de Taiwán Lai Ching-te, del Partido Progresista Democrático (PPD), del ala más radical del frente que promueve la separación de China. La cuestión de Taiwán no se trata de democracia, sino de la soberanía y la integridad territorial de China, y la cuestión de Taiwán es puramente un asunto interno de China. El intento de internacionalizarla es un cálculo astuto y repugnante de EEUU, que busca ganancias egoístas, venta de armas en Taiwán.
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El estatus de Taiwán como parte de China ha sido afirmado durante mucho tiempo por el derecho internacional y no está sujeto a debate. La Declaración de El Cairo, un documento histórico emitido en noviembre de 1943 por el presidente estadounidense Franklin Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y Chiang Kai-shek, del Kuomintang chino (KMT), establece claramente que todos los territorios que Japón le había robado a China, como Taiwán y las Islas Penghu, deberían ser restituidas a China. Estos términos fueron reafirmados posteriormente en la Proclamación de Potsdam de 1945. El estatus de Taiwán como parte integral de China también se refleja en la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU, en la que reconoce explícitamente a los representantes del Gobierno de la República Popular China como únicos representantes legítimos de China en las Naciones Unidas, solventando así de una vez por todas, en términos políticos, jurídicos y procedimentales, la cuestión de representación de toda China, incluyendo Taiwán, en los documentos bilaterales que China firmó con 183 países, que marcaron el establecimiento de sus relaciones diplomáticas.
De hecho, incluso después de la derrota del KMT en la Guerra Civil China y la retirada a la isla de Taiwán a fines de la década de 1940, su Generalísimo Chiang Kai-shek nunca apoyó la idea de «dos Chinas».
Hoy, el Estrecho de Taiwán es una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. Una gran cantidad de tráfico comercial pasa por el estrecho todos los días, como señaló una vez el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken. Pero lo que no mencionó, ya sea intencionalmente o no, es que no ha habido queja de ningún capitán de ningún barco comercial por no poder navegar por el Estrecho de Taiwán. La verdad es que no ha habido ningún problema para que naves y aviones pasen por el lugar, siempre y cuando observen el derecho internacional y respeten la soberanía de China.
Estados Unidos no tiene derecho a interferir en el método que se utilizará para resolverla. Blinken afirmó que la cuestión de Taiwán no es solo un asunto «interno» de China. Poco después, políticos de Gran Bretaña, Corea del Sur y algunos otros aliados de EEUU hicieron lo mismo, vendiendo la idea de que la cuestión de Taiwán concierne a todo el mundo.
Taiwán es el último rezago de la guerra civil que nunca terminó. Es una herida abierta de un periodo muy doloroso para los chinos. Cuando en Beijing hablan de «reunificación pacífica» es porque lo último que quieren es que chinos se vuelvan a matar entre ellos.
La venta de armamento estadounidense a la región china de Taiwán viola gravemente el principio de una sola China y las estipulaciones de los tres comunicados conjuntos China-EEUU, en especial el del 17 de agosto de 1982, instando a EEUU a acatar el principio de una sola China y los tres comunicados entre ambos países, detener la venta de armas y los contactos militares con la isla, y dejar de crear factores que pueden aumentar las tensiones en el Estrecho de Taiwán.
Pero la paciencia es una cualidad inherente a la cultura china y su economía es mucho más importante que la del mismo Estados Unidos.
(*) Franz Lazarte Escobar es presidente de la Asociación de Exdiplomáticos y Exbecarios del Estado Plurinacional de Bolivia y la República Popular de China






