Cuando se analizan las acciones económicas de los países, se tienen datos fríos (financieros) que tienen que ver generalmente con el desempeño monetario y/o con los registros contables financieros; por ejemplo, tenemos el déficit fiscal, el incremento o decremento del PIB. Paralelamente a estos datos, se tienen las estadísticas sociales, ahí tenemos la disminución de la pobreza, la equidad económica y otros que afectan al ser humano como parte de una sociedad.
Tenemos que las dos principales economías de Sudamérica (Argentina y Brasil) tienen como presidentes a representantes de ideologías antagónicas (libertarios y socialistas del siglo XXI), estas corrientes económicas radicalmente opuestas tienen sus datos financieros y también sociales, ambos son una representación, simbolismo y representatividad de economías emergentes de América latina.
Tenemos que el primer trimestre, la economía de Brasil creció 0,8%, superando con esto a Italia para convertirse en la octava economía del mundo; pero este crecimiento no solo se dio en los “datos fríos”, sino que se dio por aplicar políticas sociales: su economía creció por el incremento del consumo de las familias, y también destaca el crecimiento del sector agrícola, entre otros.
En el caso de Argentina, el crecimiento en el mismo periodo fue de 0,7%, sin embargo, el consumo de los hogares argentinos disminuyo en 4,1%, esto debido a la liberación de precios y la disminución de los subsidios, empero, sus defensores dirán que se logró un superávit fiscal después de varios años, aunque resulta que el mejor logro económico de Milei fue porque no pago los servicios, transfirió el pago para el siguiente trimestre. Vaya logro.
En cuanto a los niveles de pobreza, Brasil disminuyó de 31,6% a 27,5% y la indigencia llego a 4,4%. Mientras que la Argentina de Milei subió la pobreza de 44,7% a 55% y la indigencia se elevó de 9,6% a 11%. Como se puede ver, los datos sociales tienen una mejor perspectiva en Brasil que en Argentina.
El liberalismo promueve la “libertad económica” y cuando el empresario tiene esa libertad, su primera opción es vender al extranjero, porque los precios son mejores en los países desarrollados que en el mercado interno. Vale decir que los privados no tienen como prioridad abastecer el mercado interno, su prioridad es obtener la mayor ganancia posible y eso es vendiendo su producto en el exterior, y paralelamente pregonan que el Estado no puede subvencionar a ningún sector (esto implica el no dar bonos sociales a sectores sociales) y por tanto la generación de riqueza llega a muy pocos.
En el caso de los gobiernos progresistas o socialistas del siglo XXI, se fomenta el mercado interno, incrementando los ingresos de sus habitantes (oferta) mediante la redistribución de los ingresos de subsidios a sectores pobres de la sociedad, pero también fomenta la demanda protegiendo el mercado local, con subvenciones a los hidrocarburos y otros, logrando una inflación baja para que los ingresos de las familias mantengan el poder adquisitivo y de esta manera consuman la producción de los empresarios; cabe mencionar que con estos gobiernos no se prohíbe exportar, los privados que quieren exportar simplemente tienen que subir su producción.
Miguel Marañón es economista







