Las elecciones primarias para binomios presidenciales, que podrían contribuir a zanjar disputas y divisiones internas en las organizaciones políticas, se presentan hoy como un estorbo. Salvo la facción evista del MAS-IPSP, que quisiera medirse y dirimir con el luchismo dentro de su militancia, ningún partido o alianza parece interesado en definir sus candidatos en las condiciones y plazos establecidos por la ley. Urge definir la suerte de las primarias de 2024.
¿Qué hacer? Hay pocas opciones y escaso tiempo. Si las bancadas en la ALP no modifican la Ley de Organizaciones Políticas antes de la segunda semana de agosto, el TSE emitirá la convocatoria para las primarias tal como están. Pero lo más crítico es que se precipita el nuevo ciclo electoral. En septiembre deberían definirse las alianzas y en octubre las candidaturas presidenciales. ¿Alguna fuerza política estará lista? Sobran precandidatos.
Si se logra una pronta reforma, quedan tres opciones. La primera es suspender las primarias por esta elección (como se hizo en 2020). La segunda es eliminarlas de la normativa. Y la tercera es postergarlas lo más posible, cálculo difícil considerando que en abril se convocan las elecciones 2025. En cualquier caso, si hubiese primarias, se debe garantizar que sean competitivas y, ojalá, con binomios paritarios. Y está el debate sobre si debieran abrirse a la ciudadanía.
Dada la incertidumbre sobre las elecciones judiciales y los autoprorrogados, es probable que las bancadas legislativas, in extremis, pausen su parálisis y despejen el escollo de las primarias. Hay razones técnicas, de calendario electoral, políticas, de temporalidad y presupuestarias para el efecto. Además, todo indica que las primarias no resolverán la fractura en el MASIPSP ni la fragmentación opositora.
En su espíritu, las primarias fueron incluidas en la ley como una forma de alentar la democracia interna: que la militancia, en las urnas, elija el binomio presidencial. Es otra buena idea malograda por su pésima realización. Y hoy debido al mal tiempo político. Forzar las primarias por razones instrumentales y en clave de simulacro, como sucedió en 2019, puede contaminar aún más el precario campo político y el difícil ciclo electoral.
Sin primarias competitivas, ¿qué les queda a los partidos y alianzas para definir sus binomios presidenciales? Lo de siempre: decisión cupular, herencia, dedazo, caudillo-jefe-dueño, alquiler de sigla, imposición, componenda, encuestita… No se espera, incrédulos abstenerse, ninguna sorpresiva decisión orgánica. Como sea, las primarias, hoy, son secundarias, esto es, prescindibles.
FadoCracia usurpadora
1. Acto preliminar: los magistrados, en consorcio con operadores políticos, bloquean las elecciones (per)judiciales que, por mandato constitucional, debían realizarse en 2023. Fuerzan su postergación. 2. Acto de magia: como no hubo elecciones, “por culpa de la ALP” (sic), y no hay nuevas autoridades electas, los magistrados se autoprorrogan. Hay que evitar un “vacío de supra/poder”. 3. Acto de uso: los prorrogados, y sus salas, emiten decisiones constitucionales a la carta. Además, usurpan/vetan funciones de los órganos Legislativo y Electoral. 4. Acto de resistencia: superando recesos, maniobras, atrofia decisoria, el pleno de la ALP sesiona y sanciona una ley para el cese de los magistrados. 5. Acto autorreferencial: el consorcio, con alas de cóndor, envía una carta al TCP para que se pronuncie sobre la validez de su propio cese de mandato. 6. Acto de atornillado: los magistrados declaran la nulidad de la sesión que dispuso el fin de su autoprórroga. Desde la Asamblea responden: la nulidad es nula. 7. Acto final: Arce tiene horas para promulgar la ley de cesación, mientras el Jilata impone un nuevo receso. “Cuidado estén llorando cuando empiecen los bloqueos”.
José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.







