Durante 15 años, nuestros eternos opinadores económicos, que no se cansan de vaticinar que la economía boliviana está a un paso de la catástrofe, ahora nos sorprenden indicando que “está a la vuelta de la esquina” una hiperinflación, solo vivida en la década de los años 80.
Pero estos agoreros, que por cierto en 15 años no le achuntaron a ni una de sus predicciones, solo se dedican a lanzar consignas y estribillos sin tener ningún respaldo de datos estadísticos. Estos estribillos son amplificados en las redes sociales y en medios de comunicación; sin embargo, no dicen nada respecto a la economía argentina, que siempre que pueden destacan y sugieren que Bolivia debería seguir sus pasos.
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Pero cuando se comparan los datos de Bolivia y Argentina, se tiene por ejemplo que el nivel de desocupación en el país vecino, al primer trimestre de 2024, llegó a 6,99%, mientras en Bolivia, en el mismo periodo, se situó en 4,21%, aunque nuestros agoreros podrían justificar una mayor desocupación siempre y cuando los precios de mercado se mantengan.
Cuando analizamos los datos de inflación, sin embargo, tenemos que en mayo el índice argentino llegó a 4,2%, mientras en Bolivia, en el mismo mes, a solo 1,9%, vale decir que el gobierno de Milei, que es el líder y guía de nuestros opinadores, supera en más del doble la inflación que se da en Bolivia; ni qué hablar de los datos sociales, como desocupación y niveles de pobreza.
Pero la premisa de los agoreros —que durante 15 años no se cansaron de tratar de convencer que la economía está a punto del colapso, aunque la población siguió apoyando el modelo económico—, en la coyuntura actual, es reforzar sus estribillos de crisis, apoyados por el boicot político y sobre todo económico que sufre el Gobierno tanto desde la Asamblea Legislativa como con el bloqueo de algunos sectores del Trópico cochabambino.
Estos opinadores alaban al presidente Milei, empero, no realizan ningún análisis de sus políticas económicas, que hasta ahora no resolvieron ninguno de los problemas; solo como ejemplo tenemos la tan mentada acción de cerrar el Banco Central de Argentina, pero dicha entidad sigue con sus mismas labores.
Prometió “deshacerse” de la casta, sin embargo, tenemos que la máxima representación de la casta (parlamentarios y ministros) fue beneficiada con incrementos salariales, vale decir que en vez de ser castigados, como prometió en campaña, son premiados; todas estas acciones son ignoradas por nuestros Nostradamus de la economía.
La ciudadanía tiene pruebas suficientes de que el modelo económico boliviano funciona y los logros obtenidos benefician a la población, tanto en el aspecto financiero y como en el social, pese al boicot económico y político desde la Asamblea. Así, el estribillo que en pocos meses tendremos sobre la hiperinflación tiene que ver simplemente con delirios de profesionales que sueñan con la crisis económica del país.
(*) Miguel A. Marañón Urquidi es economista







