En los últimos años, Bolivia ha mostrado avances significativos en inclusión financiera, esencial para el desarrollo económico y social. Según el Índice de Inclusión Financiera de Credicorp 2024, el país ha mejorado sus índices, superando a naciones como México en ciertos aspectos, reflejando un compromiso gubernamental para brindar acceso a servicios financieros formales de calidad. Sin embargo, aún quedan desafíos para lograr una inclusión financiera plena y equitativa.
El informe de Credicorp destaca mejoras en las dimensiones de Inclusión Financiera General (43,7%), Acceso a Servicios Financieros (46,3%), Uso de Servicios Financieros (24%) y Calidad Percibida de los Servicios Financieros (60,8%). Este último, uno de los más alentadores, refleja una percepción positiva de los ciudadanos hacia los servicios disponibles, lo cual augura una mayor aceptación y uso futuro.
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Credicorp también señala un aumento en la confianza de los bolivianos en el sistema financiero y una percepción favorable sobre el acceso a productos de ahorro y crédito. Esta confianza es crucial, ya que una población que confía en el sistema financiero es más propensa a participar en él, fomentando un ciclo positivo de inclusión y desarrollo económico.
A pesar de estos avances, Bolivia aún tiene el puntaje más bajo en el uso del sistema financiero, lo que indica barreras por superar. La falta de educación financiera es una de las principales causas de este bajo uso. Muchas personas no comprenden plenamente cómo manejar productos financieros, lo que puede llevar a la desconfianza o mal uso.
Además, datos de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (Asfi) muestran desigualdades en la cobertura de servicios financieros. Mientras departamentos como Santa Cruz, Cochabamba y Tarija tienen cobertura del 100%, otros como Oruro y Pando alcanzan solo el 68,6% y 46,7%, respectivamente. Estas disparidades subrayan la necesidad de estrategias focalizadas para mejorar el acceso en áreas menos atendidas.
La tecnología puede mejorar la inclusión financiera, especialmente en áreas rurales con infraestructura bancaria limitada. La banca móvil y los servicios financieros digitales pueden facilitar el acceso a una mayor parte de la población, reduciendo barreras geográficas y económicas.
Las políticas públicas también son cruciales para promover un entorno regulatorio que fomente la innovación, proteja a los consumidores y aliente la competencia en el sector financiero. Incentivar la inclusión financiera mediante regulaciones adaptadas a necesidades locales puede mejorar significativamente los índices de uso y acceso.
Los avances de Bolivia en inclusión financiera son prometedores. El aumento en la confianza, la percepción positiva de la calidad de los servicios y la mejora en el acceso son señales alentadoras. No obstante, para lograr una inclusión financiera plena y sostenible, es esencial abordar desafíos pendientes, especialmente en términos de uso de servicios y reducción de desigualdades regionales.
La educación financiera debe ser una prioridad para empoderar a los ciudadanos, ayudándoles a comprender y aprovechar los beneficios de los productos financieros formales. Las iniciativas tecnológicas y políticas inclusivas pueden facilitar un acceso más equitativo y efectivo a los servicios financieros. Con un enfoque en estos aspectos, Bolivia puede avanzar hacia un futuro donde todos sus ciudadanos se beneficien de un sistema financiero inclusivo y robusto.
(*) Manuel Pareja Chávez es economista







