En la mitología griega, Hybris era la diosa de la insolencia, de la desmesura, el orgullo y la arrogancia, que son actitudes generalmente ligadas al poder. Un poder físico, económico o político como el que tiene un presidente o un líder. Pero cuando uno de estos convierte estas actitudes en rasgos de su carácter, estaremos frente no a un estadista o un dirigente, sino frente a un trastornado mental que hará cualquier barbaridad con tal de no perder el mando. Son los adictos al poder, que el médico británico David Owen llama enfermos del síndrome de Hybris.
Owen, que también fue político en su natal Reino Unido, escribió en 2009 un libro en el que describe las enfermedades que padecieron distintos jefes de Estado, como Theodore Roosevelt, Nikita Khrushchev, Winston Churchill, Richard Nixon, Benito Mussolini, John F. Kennedy, François Mitterrand y George W. Bush, entre otros. Enfermedades como cánceres, pero también de adicciones que influyeron en algunos actos de gobierno que afectaron gravemente a sus naciones. El libro se llama “En el poder y en la enfermedad. Enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien años”, editado por Siruela.
Pero más que hablar de las dolencias físicas, Owen habla en su libro de las enfermedades mentales y de los trastornos de la personalidad de estos jefes de gobierno y del riesgo en el que pusieron a sus gobernados, quienes nunca fueron informados por la secrecía con que fueron tratados. Varios de ellos ni siquiera estaban conscientes de su enfermedad. Al respecto, Owen escribió: “Al observar a los dirigentes políticos, lo que más me interesó es la hybris como descripción de un tipo de pérdida de capacidad. Este modelo resulta muy familiar en las carreras de los líderes políticos cuyo éxito les hace sentirse excesivamente seguros de sí mismos y despreciar los consejos que van en contra de lo que creen, o en ocasiones toda clase de consejos, y que empiezan a actuar de un modo que parece desafiar la realidad misma”.
Según Owen, los adictos al poder comparten cuatro características principales: tienen un exceso de confianza en sí mismos, por lo que son incapaces de cambiar de conducta; una impaciencia constante, lo que los lleva a tratar con prepotencia a los demás; una conducta sumamente narcisista, por lo que se creen insustituibles, y evalúan una situación con ideas fijas preconcebidas, lo que los lleva a rechazar todo lo contrario a sus ideas.
Enumera otros 14 síntomas: 1.- Una propensión narcisista a ver su mundo principalmente como un escenario para ejercer el poder y buscar la gloria 2.- Una predisposición a realizar acciones que, cada vez, les den más luz y prestigio 3.- Una preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación 4.- Una manera mesiánica de hablar y una tendencia a la exaltación 5.- Una identificación con la nación u organización que dirigen, en la medida en que consideran que sus puntos de vista e intereses son idénticos y únicos.
6.- Tendencia a hablar en tercera persona o a utilizar el pronombre “nosotros” 7.- Confianza excesiva en el juicio propio y desprecio por los consejos o críticas de los demás 8.- Confianza exagerada en uno mismo, que raya en un sentimiento de omnipotencia, en lo que personalmente puede lograr 9.- La creencia de que, en lugar de rendir cuentas ante el tribunal mundano de los colegas o la opinión pública, el tribunal al que responden es: la Historia o Dios 10.- Una creencia inquebrantable de que en ese tribunal serán reivindicados.
11.- Pérdida de contacto con la realidad, a menudo asociada a un aislamiento progresivo 12.- Inquietud, imprudencia e impulsividad 13.- Una tendencia a permitir que su “visión amplia” justifique la calidad moral de una acción, sin considerar la practicidad, el costo o los resultados 14.- Incompetencia arrogante cuando las cosas le salen mal por una excesiva confianza en sí mismo, lo que lo lleva a no preocuparse por los detalles prácticos de la política.
“Los políticos tienen en sus manos la vida de las personas; toman decisiones que tienen consecuencias en ellas y, en casos extremos, pueden ser cuestiones de vida o muerte. Su deber es hacer un juicio realista acerca de lo que pueden y no pueden lograr. Todo lo que empañe ese juicio puede hacer un daño considerable”, advierte Owen.
Javier Bustillos Zamorano
es periodista.







