Canal Red ha nacido como una alternativa a los medios tradicionales. Su apuesta es dar la “batalla cultural” desde la izquierda, a través de programas de televisión con calidad informativa y de análisis en toda Iberoamérica. El canal ya es un éxito. Hace poco añadió un portal informativo llamado Diario Red, con los mismos objetivos. Allí escribo textos con cierta regularidad, pues soy su corresponsal en Bolivia. Todo un honor para mí.
¿Por qué esta introducción personal? Porque, con el perdón de los lectores, voy a hablar un poco de mí, aunque suponiendo que lo que voy a decir tiene cierto interés general.
El sábado 31 de agosto apareció en Diario Red una larga entrevista que le hice al presidente Luis Arce. Pocas horas después, el equipo de comunicación del MAS IPSP, dirigido por el señor Sacha Llorenti, personaje de ingrato recuerdo público, que posteó un largo y violento comunicado que me hacía cuestionamientos personales, supuestamente de carácter ético, por no haber preguntado a Arce las preguntas que “todo el país está esperando” que el presidente responda. El comunicado incluía una decena de interrogantes —esos y no otros— que, a juicio de Llorenti, cualquier periodista honesto debía plantearle al presidente para demostrar lo que él, un rival político, quiere probar de Arce. Curiosa idea del periodismo.
Resulta significativo que un partido político, que por cierto hace corteses y admirativas referencias a periodistas que los combatieron duramente y sin escrúpulos en las jornadas de 2019 y 2020, se conceda a sí mismo el papel de “tribunal de imprenta” para pontificar sobre mi periodismo, que, como acabo de mencionar, es de izquierda y se ubica en un espacio de izquierda. Jamás lo he ocultado ni edulcorado. Y nunca abandoné, ni en los momentos más duros, esa trinchera, lo que se podría decir de muchos que hoy pretenden señalarme.
Hace no mucho, a Llorenti le gustaba mi periodismo. Ahora le encuentra “falto de ética” y corrupto. Pues bien, yo no soy la que ha cambiado; quien lo ha hecho ha sido él, supongo que al influjo de sus necesidades políticas, que hoy como ayer se cifran en la única apuesta constante de la política nacional: el llunkerío. No tendría mucho que objetársele (cada cual que trepe como pueda) si no fuera porque:
a) Cobardemente, Llorenti se aposta detrás de nada menos que un partido, y el partido con más militantes de la historia de Bolivia, para insultar y dañar a una sola persona que, además, no cuenta con el respaldo de ningún gremio periodístico en su país. A un medio anternativo de izquierda que le ha puesto la cara y voz y que tampoco cuenta con ningún respaldo institucional (ni financiero) en el país. Lo hace, por tanto, asegurándose de no recibir ningún daño por el daño que él hace. Este es su modus operandi, su sello de identidad, como saben todos los que lo conocen.
b) Porque no es la primera vez que lo hace: ya me atacó anteriormente por la línea de mi programa de televisión Desacuerdo, llegando incluso a objetarme por la gente a la que invité a mi set, que según él no cumplían con el “requisito” de ser masistas. Además, dijo que recibía millones del gobierno justo el mismo día en que el programa tuvo que ser retirado del aire por falta de publicidad.
No voy a explicar ni defender mi trabajo periodístico a instancias de un comunicado de un partido político; este queda al criterio de los lectores. Solo referiré un hecho que, me parece, habla por sí solo: la entrevista de marras ha sido replicada por una decena de medios nacionales tradicionales y, ampliamente, en Internet. Por supuesto, ninguno de estos medios encontró las supuestas “falencias” que Llorenti, escondido detrás del logo de una institución, pretendió encontrar.
Tampoco tengo intenciones de debatir nada con quienes, desde la desesperación, señalan y acusan para generar miedo y así “controlar” o acallar la voz de los que no participamos de sus conflictos políticos internos y, para mayor agresión, pensamos por cuenta propia. Solo diré que hace como un año hablé con Llorenti y trató de intimidarme y “conducirme”. Como no pudo hacerlo, salió corriendo, como de costumbre.
Que quede registrado que seguiré ejerciendo mi trabajo periodístico al ritmo y según el sentido de mis propias convicciones, como siempre lo he hecho. Por más que pretendan presionarme con bulos y comunicados, no voy a prestarme al juego de los escribas invisibles del reeleccionismo crónico. Es todo lo que voy a decir, por el momento.
Susana Bejarano Auad es politóloga y periodista.







