El 8 de septiembre es una fecha relevante para Bolivia, pues conmemoramos dos hitos que reflejan el avance de nuestro país en materia educativa: el Día Internacional de la Alfabetización, promovido por la UNESCO desde 1967, y el Día Nacional de la Educación Alternativa. Estas celebraciones nos invitan a reflexionar sobre los desafíos que aún persisten en la lucha por garantizar una educación inclusiva y de calidad para el país.
En 2008, Bolivia fue declarada “Libre de Analfabetismo” por la UNESCO, un logro importante que fue posible gracias a programas “Yo Sí Puedo” y “Yo Sí Puedo Seguir”, implementados desde 2006. Estos esfuerzos permitieron reducir la tasa de analfabetismo del 13,3% en 2001 al 2,16% en 2021, alfabetizando a más de un millón de personas. Este avance coloca a Bolivia entre los países con las tasas de analfabetismo más bajas de Sudamérica, cumpliendo con los compromisos internacionales y demostrando el poder transformador de la educación.
La alfabetización no solo fue para la lectura y escritura de personas, sino que también ha contribuido a la igualdad de género, la erradicación de la pobreza extrema, el fortalecimiento de las capacidades productivas y el ejercicio pleno de los derechos de los sectores vulnerables, incluidos los pueblos indígenas.
Desde 1914, líderes indígenas como Marcelino Llanque, Leandro Nina y Rufino Willca dirigieron escuelas clandestinas e indígenas, con el propósito de liberar al “indio” de la opresión. Estas iniciativas dieron lugar a la emblemática Escuela Ayllu de Warisata en 1931, una experiencia educativa que trascendió las fronteras de Bolivia.
El primer Congreso Indigenal de 1945, bajo el lema “Tierra, Libertad y Educación”, sentó las bases para la Revolución de 1952, misma que dio origen al Código de Educación Boliviana en 1955, donde se reconoció formalmente la Educación de Adultos. En 1969, se dio un paso más con la creación de los Centros de Educación Media Acelerada (CEMA) y el Instituto Boliviano de Aprendizaje (IBA), que brindaron oportunidades educativas en busca de superación personal y profesional.
Desde 2003, la educación alternativa se institucionaliza como un ámbito principal dentro del Sistema Educativo Plurinacional (SEP), y con la Ley de Educación 070 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez” se consolidó como una educación transformadora, liberadora y productiva. Este enfoque abarca la alfabetización, la educación técnica y tecnológica, la educación permanente, la educación a distancia para migrantes bolivianos y la certificación de competencias de organizaciones productivas.
Con miras al Bicentenario de Bolivia en 2025 y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, es fundamental fortalecer los Centros de Educación Alternativa (CEA) a través de la Educación de Personas Jóvenes y Adultas y la Educación Permanente. Este esfuerzo requiere una profundización en la implementación de programas dirigidos a productores, organizaciones sociales, pueblos indígenas, migrantes y sectores vulnerables, mediante modalidades educativas flexibles y no escolarizadas. Es necesario responder a nuevas demandas, como la alfabetización digital y financiera, la capacitación para el trabajo, el emprendimiento y el liderazgo comunitario, entre otros desafíos que deberán abordarse en el próximo Congreso Plurinacional de Educación de este año.
En el Día Internacional de la Alfabetización y Día Nacional de la Educación Alternativa, Bolivia celebra sus logros y reafirma su compromiso con una educación a lo largo de la vida y se tiene la tarea de seguir construyendo un futuro mejor hacia la consolidación del Estado Plurinacional de Bolivia.
Reynaldo Yujra Quispe es investigador y exdirector General de Educación Alternativa de Bolivia.







