La ciclovía ejecutada en la zona Sur ha desatado un mar de opiniones, la mayoría en contra y muy pocos a favor. Los juicios en contra son por: agendas partidarias (la más conocida “hay que joder la gestión”); nuestro alcalde que no genera confianza y certidumbre; y otros que manifiestan su erudición en Diseño Urbano señalando que la obra no fue proyectada con rigor. Casi todos están exasperados por esa obra.
Voy a llevar ese debate a otro escenario, hacia un tema que es recurrente en esta columna: la cultura ciudadana. Y ello, porque justamente se dan esas expresiones de descontento en la zona donde uno se imaginaría viven los más “cultos” de esta ciudad, la llamada zona Sur. Son barrios de gente con recursos educativos suficientes, algunos colegios de convenio, y muchos vecinos y vecinas estudiaron en el extranjero. Todo como para creer que allí sí existe cultura ciudadana. Pero no. ¿Por qué se indignaron por una ciclovía? Por una razón prosaica: ahora no tienen estacionamiento para sus automóviles.
En las RRSS vi el video de una furibunda señora en su automóvil de lujo que no sabía dónde estacionar para bajarse cómodamente en la puerta de un comercio; también, en otro video que se viralizó, un peluquero/barbero menospreciaba la obra frente al alcalde diciendo que nunca vio pasar una bicicleta. Absolutamente nadie expresó algo sobre el concepto de una ciclovía urbana, que es un proyecto imprescindible en muchas ciudades.
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Estamos como sociedad urbana muy, pero muy lejos, de entender la magnitud de los grandes desafíos de este tiempo. El más importante de todos es la crisis climática y los efectos nocivos que las prácticas urbanas ejercen sobre la naturaleza. La más perversa de esas prácticas es justamente el abuso del automóvil privado. Somos una ciudad tan pequeñita que se puede caminar para llegar a cualquier comercio; pero no, en esta ciudad vamos en un 4×4 y nos vale si aumentamos la huella de carbono.
Somos urbanistas inconscientes y contradictorios. Por un lado, lloramos por los incendios en el oriente boliviano, pero por otro, nuestros automóviles siguen humeando, seguimos comiendo carne vacuna o porcina todos los días, generamos basura, no la reciclamos ni seleccionamos, y compramos con bolsas de plástico. En la zona sur se oponen a la ciclovía por conservar sus estacionamientos, ergo: por intereses de clase y baja cultura ciudadana.
En otras ciudades, con una masa crítica más desarrollada, la consigna es: expulsar el automóvil privado de los centros urbanos fomentando la caminata y la bicicleta para lograr un desarrollo urbano resiliente. Aquí no. Nuestra consigna es: a mi no me nadies.
Carlos Villagómez es arquitecto.







