Septiembre —mes del amor, de la amistad, de los estudiantes— nos hizo soñar y pensar en un octubre inmejorable. En efecto, vemos el calendario y las fechas significativas salen a borbotones… 1 de octubre, Día del Árbol, además Día de las Personas Mayores; el 5, Día del Ingeniero; el 9, día en que fusilaron al Che Guevara; el 10, Día de la Recuperación de la Democracia y también Día de la Salud mental; el 11, Día de la Mujer; el 12, día de la llegada de Cristóbal Colón, hoy reconocido como el Día de la Descolonización; el 13, día de los abogados; el 16, Día de la Alimentación; el 17, Octubre Negro; el 18, Día Internacional para la Protección de la Naturaleza y, además, Día de la Recuperación de la Democracia intercultural… Para cada fecha hay comunicados oficiales, se promueven actos, unos más emotivos que otros; en redes sociales se envían mensajes de congratulación y pareciera que vivimos un mundo ideal.
Son las noticias, la vida real, las constataciones cotidianas, que nos hacen poner los pies sobre la tierra… bosques destruidos por los megaincendios forestales, las sequías; por otro lado, inundaciones, la contaminación, por el uso de mercurio en la minería; que provocan un verdadero desastre ambiental, afectando a áreas protegidas. A esto se suma el deterioro sostenido de la economía, la falta de divisas, carburantes, la disminución de la producción de alimentos, la subida de precios de la canasta familiar, la desocupación, el contrabando.
Este panorama se agrava cuando se escuchan voces que denuncian feminicidios, violencia sexual a mujeres y niñas, que involucran a exautoridades, embarazos no deseados, producto de la persistencia de patrones patriarcales que toman y subordinan los cuerpos de las mujeres como meros objetos de satisfacción sexual para los hombres; abogadas y abogados dispuestos a defender a quienes delinquen, una justicia corrupta…
El caos va creciendo cuando observamos que nuestra democracia está asediada, la independencia de los órganos del Estado, una mentira; elecciones judiciales con procesos sinuosos y poco transparentes, autoridades interinas, excesiva confrontación política y pugnas por el poder. La convulsión social, los bloqueos, las marchas, las movilizaciones y las protestas son el pan de cada día, cuyas reivindicaciones se van desdibujando por la complejidad de los problemas económicos, sociales y políticos que viven las personas, y la pérdida de un horizonte común.
Estamos viviendo un período aciago, pareciera que Bolivia es un barco a la deriva. La pérdida de valores y principios es el común denominador y ello se evidencia cuando no se vacila en utilizar los cuerpos de las mujeres en el foco de las disputas políticas. Pareciera que nuestra salud mental colectiva está afectada. Algo se tiene que hacer y, sin duda alguna, es luchar por la recuperación del sentido y contenido de la democracia y la vida, recogiendo las enseñanzas de las luchas de las mujeres, que cerraron el paso a las dictaduras y abrieron caminos para una democracia que garantice igualdad y equidad en la distribución de los recursos y los beneficios; que toque las puertas de los hogares para arrinconar a los roles desiguales, instalados por el patriarcado.
Que todas las voces y fuerzas se sumen para curar, cuidar y amar la democracia, como una urgencia del aquí y ahora. Nadie puede excusarse.
Ana Quiroga Morales es ciudadana de la tercera edad y militante por los derechos de las mujeres.







