En este momento, millones de procesos biológicos ocurren a nuestro alrededor. Las plantas, la vegetación en jardines y parques, los árboles en los bosques y las especies en mares, ríos y montañas, luchan por sobrevivir. Este proceso evolutivo, que ha existido desde el origen de los tiempos, ahora se ve más afectado por la acción humana.
América Latina y el Caribe, con su biodiversidad única, deben asumir un rol de liderazgo en la COP16 de Biodiversidad en Cali, Colombia. Esta región alberga el 60% de la biodiversidad global, el 80% de los biomas del mundo, y el 30% de los recursos de agua dulce. Estos activos naturales nos sitúan como actores clave en la solución de los grandes problemas ambientales del planeta.
Los ecosistemas estratégicos de la región, como la Amazonía, la Corriente de Humboldt y la Mata Atlántica, son esenciales para el equilibrio ambiental. La COP16 ofrece la oportunidad de reafirmar que América Latina es una región megabiodiversa y una fuente de soluciones ambientales. Es fundamental que el mundo reconozca nuestra contribución para garantizar un futuro sostenible.
Todos los países han ratificado el Convenio sobre Diversidad Biológica, pero muchos aún no han presentado planes concretos para proteger la biodiversidad hacia 2030, uno de los hitos de la COP15 en Kunming-Montreal. En esa cumbre se acordaron 23 metas para revertir la pérdida de biodiversidad antes del 2030 y cuatro objetivos globales para alcanzar una biodiversidad positiva en 2050. La COP16 será histórica, ya que revisará los avances de estos compromisos y abordará temas como el acceso equitativo a los recursos genéticos y la movilización de los 200.000 millones de dólares comprometidos para 2030.
Para lograrlo, es imprescindible que se movilicen más fondos a través de mecanismos financieros innovadores como los bonos verdes, el canje de deuda por naturaleza, y seguros contra catástrofes. Un ejemplo exitoso de este tipo de iniciativas es la conversión de deuda en El Salvador, donde se destinaron 1.000 millones de dólares a la conservación de cuencas hidrográficas, gracias al trabajo de CAF y otras instituciones.
Los bancos de desarrollo juegan un papel clave en la movilización de recursos y la articulación de las agendas de desarrollo a largo plazo. Con un mayor capital, podrían tener un impacto aún mayor, no solo en la multiplicación de recursos, sino también en su capacidad de actuar durante crisis económicas.
América Latina y el Caribe deben amplificar las voces de los jóvenes, las comunidades afrodescendientes y los pueblos indígenas, cuyas perspectivas y conocimientos ancestrales son esenciales para enfrentar los retos climáticos. La inclusión y la justicia climática deben estar en el centro de nuestras estrategias ambientales a largo plazo.
CAF aportará al liderazgo regional con su Pabellón «La biodiversidad nos une» en la COP16, un espacio para compartir experiencias, explorar oportunidades de colaboración y visibilizar las soluciones que la región está ofreciendo. Además, promoverá diálogos con instituciones científicas, para escuchar la voz de la ciencia y aplicar soluciones basadas en datos.
En preparación para la COP16, más de veinte instituciones científicas internacionales fueron convocadas para sensibilizar sobre la importancia de los datos y la ciencia en la lucha contra la pérdida de biodiversidad. América Latina y el Caribe son regiones clave para la preservación de la biodiversidad y la estabilidad ambiental global.
Consolidar nuestro liderazgo en biodiversidad durante la COP16 es una oportunidad única para que nuestras voces tengan un impacto decisivo en los grandes debates ambientales que definirán el futuro del planeta.
Sergio Díaz-Granados es presidente ejecutivo de CAF -banco de desarrollo de América Latina y el Caribe.







